Regreso del hijo pródigo

ocurrió en un pequeño pueblo desértico y gris.
al parecer sin sol, únicamente con la iluminación digna de un taller de armado.
cercano a un río, con colinas, brisas y estilo ajado y mustio.
río o mar, o a decir verdad, un río análogo al mar, con un chiquillo radiante en el horizonte: es lo que duró, atrapado, de la iluminación diurna anterior. al parecer se enredó en el madrugón y no se le ocurrió fregarse por delante.
ahora todo es igual a 1.
un par de corrales a la vista, con ovejas, rodean los pezones de la estación. todas las estaciones son excesivamente paralelas; cada una tiene corrales a su izquierda y la esquina de hormigón desemboca en el descampado como si todavía hubiera pueblito que aglomerar.
las estaciones funcionan de almacén provisional; adentro no hay mucho: un par de velas, un candelabro judío, el almuerzo del día de la fecha. y aún tibios, los churrascos y demás carne muerta.
a decir verdad, nunca supe dónde vivías. pero al encontrarme con mi propio padre, con mi abuela regurgitando en su albergue insano y sin bragas al despecho –y parecida a un blanco ballenato- recordé nuestro amargo silencio y lloré, como si tapiada con este tipo de cosas no pudiera ser mejor la vida.
ale es el ex novio de la nena, y es un pibe abundantemente mediocre. para salir de su siniestra morada amagamos él que me hacía una, y yo una a él. le pregunté con total resignación, ya infelizmente y desgastado, si el pibe era o no un activo, y me dijo que yo ya iba a ver, que ya iba a ver. su masturbación incompleta, mi masturbación aledaña, todo rozó quizás lo grotesco a la entrada matutina de mi padre en vela. luz que entraba en la internación de la huerta de vid desde la madrugada, con la espera del señor morado cerca de nuestro sitio; al final tuvimos que jugar a las cartas, o mutilar nuestros órganos para proseguir más cómodamente en otro lugar, algo de lo más cómico. espacios en blanco en mi memoria se hacen sólo rasgando lo momentáneo.

y en seguida trepar a una colina con la tapa desgraciada de un barco muerto en el amanecer estival, para toparme con las ovejas, cuando esto ya tornóse engorroso, y menos luz lo volvió más siniestro; desde luego. las ovejas parecían gobernarse entre sí, gateando, y la forma diabólica de su correteo alrededor de las peñas, con sus ubres apretados, le daban una forma al poblado. nadie las cuidaba, salvo un guapo que se las veía venir. y el recuerdo fugaz de algo que no fue jamás, la desarticulación de nuestros miembros y su largo, que era mayor, y la mezcla de la envidia con sus descripciones farmacéuticas del gas metano. ya estaba gris, ese pueblo.
días después y por ese entonces había asimilado no encontrarla, aunque alguna especie de casamiento me espiró: el matrimonio en las colinas norteñas y la novia espástica con su rostro ensangrentado por la felicidad títere de un sueño de latón. no eras ni tú, ni una novia ramone. su cabello había sido enlazado toscamente y se supo que en estas zonas del Norte todo era igual a 1. nadie se sorprendió cuando se oyeron las detonaciones a tres metros del internado. el estampido matutino.
los tenían apretados y los manejaban sin un zumbo. viendo más plásticamente tres pequeños continentes, juntos y estrujados en la desesperación más monótona de los aguafuertes, atados en una bandera caótica, color tela, repetidas veces girando caoba alrededor de sus propios cuerpos, y cerca de la última casa que se veía como fuera de foco, con su espejera y lo vidrioso cortando el asomo de sus allegados; se los veía venir a montura, a este trío, sin fuga, sin escape, y no se podría decir de sus semblantes si originaban terror en este pueblo también monocromo o eran los causantes de su incesto natural; de ahí a toda esta gente confusa, vinieron dando zancos o acrobacias de circo, como la cartón en vientos de mujer casada, y nadie dijo nada porque la muerte era algo corriente en estos páramos aserrados.

luego todos fueron ultimados. yo me escapé por el descampado ceroso, cerca de una cornisa alegre y retumbando el césped, parecía maquinaria, ¿pero maquinaria en puro campo funcionando a cualquier hora matinal? y me pareció raro eso, que fuera, más que maquinaria, un obtuso repleto de vasijas de metal amontonándose, pero sí, eran parte de un enrosque más del mecanismo debajo del campo, sublime, y sin duda explotaban a cada individuo de aquél, pero medio pueblo había quedado yerto hacía sólo unos minutos.
cúrtanse, imbéciles capitalistas.
cuando encuentren la masacre le pondrán fecha y todo, pero no saldría ni por puta en un diario nacional.
cuando te encontré a vos estabas escondida, temblando, y ya eras huérfana.
puta madre, guardé mi pucho y salimos nuevamente hacia el descampado.