Violeta


fue el día en el que tomé el psicofármaco:
comíamos mi barba en un pastiche horrible
de pollo
vinagre
asado
verdura
y leche.
Nada singular, hubieras dicho tú, San Miguel.
hubieses rociado tus manos con pólvora
escabrosamente asadas por el sol matutino
-allá en las sierras menudea el bien provisto-
hubieses comido las leñas, el manjar
hasta mis yeguas te hubiesen perseguido
en tal orgía culinaria.
a despropósito, tu chica se fue con otro.
vive sola y desnuda en un hotel de corazón,
entripada en la holgura de un desconocido
que aprovecha de la virginidad de la pobre.
sus pechos desplazan moles de moléculas de agua.
cada día.
el placer de sus piernas, sus brazos, su cuello,
cinco (5) arrebatos que se unen aireados
en un solo fin: el sexo.